Los atletas tienen la capacidad de representar, además de sus propias ideas, las de sus oponentes. El objetivo es anticipar mejor las intenciones y motivaciones del otro para proporcionar una respuesta efectiva y ganar ventaja. Théodor Reik (1888-1969), un psicoanalista estadounidense, habló de tacto y dijo que expresa «una cierta adaptación de nuestro ritmo personal al de los que nos rodean». Le gustaba agregar que es necesario esperar el momento oportuno para dar una interpretación.

La comunicación del inconsciente al inconsciente se delimita en un espacio que va de lo que se adivina a lo que se entiende. En varias ocasiones, en un partido o una competición, los deportistas integran la información que recuperan a través de sensaciones y percepciones que abren más o menos ampliamente el campo de las respuestas. Estos estímulos se transforman en afectos que conducen a la formación de una idea o razonamiento.
Cuando los atletas comparten cosas, se vuelven locos rápidamente para reaccionar mejor. Cuando están abrumados por las apuestas y la cantidad de estímulos, a pesar de una buena preparación, pasan demasiado tiempo pensando en el resultado o reflexionando sobre lo que salió mal. Las consecuencias son actitudes inapropiadas vinculadas a la falta de concentración. El destino de un partido o un partido no depende necesariamente del talento excepcional de un individuo, sino más bien de quién cometerá el error en el momento equivocado.

Lapso de atención
Cuando un deportista pierde su competencia a pesar del hecho de que él (ella) está en excelentes condiciones físicas y técnicas, casi siempre se le atribuye una falta de confianza mordaz en sus habilidades. El factor principal en la devolución es emocional, interfiere con nuestra capacidad de pasar de un estado a otro. Más cerca de la acción, se trata de pasar del gesto imaginado al gesto realizado teniendo en cuenta lo intangible, un conjunto de eventos impredecibles. Una preparación mental bien preparada consiste en preparar al atleta para reaccionar lo mejor posible ante lo inesperado. Si en este ejercicio la experiencia y la repetición pueden ser decisivas, el descuido también es un servicio. Entre los dos, la duda puede resolverse permanentemente si no se hace nada para remediarla.
Este estado de vacilación favorece la retirada hacia uno mismo en detrimento de la reacción. Varias veces en el transcurso de un día, sentimos la necesidad de interrumpir la atención prestada a los alrededores inmediatos. Esto le permite recuperarse emocionalmente o preparar una respuesta. La expresión «estar en la luna» traduce perfectamente este comportamiento. Durante este tiempo, realizamos acciones en un estado de conciencia que no nos permite estar lúcidos. ¡El cerebro solo puede hacer una cosa a la vez! Actuamos mecánicamente, omitiendo lo esencial: el tiempo dedicado a preparar la respuesta es demasiado grande en comparación con la inmediatez de la acción. A medida que lees estas líneas, algunas se centran en el tema mientras que otras, y es natural, hacen asociaciones de ideas y son dibujadas por reflexiones personales que ciertamente no tienen nada en común con este artículo si no toma distancia de la percepción consciente.
El uso de la sofrología durante la preparación permite trabajar la «concentración» sin forzarla. Es muy interesante, emocionalmente, identificar lo que probablemente sacará a la persona de la acción. El simple hecho de darse cuenta le permite mantenerse al ritmo de la competencia.
Sofrología
Un buen nivel de concentración depende de la disposición de la mente para ser flexible en los intercambios entre información externa y su interpretación a un nivel más íntimo. El rendimiento toma forma en estas relaciones entre lo explícito y lo implícito, y en el centro están las emociones. Al igual que el sueño, que para algunos psicoanalistas es una medida de plasticidad cerebral, la sofrología puede ayudar a regular los intercambios (estimulaciones / interpretaciones) cuando un atleta cree que puede permitirle mejorar.
El umbral sophro-liminal (entre la vigilia y el sueño) le da al individuo la oportunidad de trabajar y anticipar situaciones en las que la mente puede estar cerca de la saturación. Circunstancias (finales, campeonatos, etc.) conducentes a la acumulación de tensión, cantidades de estimulación que pueden causar una inhibición de la respuesta o reacciones excesivas. Las emociones contenidas o la ira, que sacan al atleta de su concentración, siguen a veces períodos breves pero intensos de «angustia», también llamado «estrés abrumado». La sofrología es mucho más que la mera manifestación de una gran relajación. La disciplina, con su variedad de técnicas, ofrece la posibilidad de utilizar la tensión de la persona. Este último, al integrar su cuerpo en un apaciguamiento progresivo, cambia a un estado de conciencia favorable al análisis de su propio comportamiento.
En este contexto, la imaginación reemplaza la expresión de los sentimientos. El atleta forja una nueva representación de su problema que lo ayudará a superar los reflejos limitantes. Al tomar la realidad como un pilar, como en un sueño despierto, es capaz de distinguir y diferenciar lo que le molesta. El hecho de que luego pueda explicar lo que experimentó durante la sesión facilita la adquisición de un nuevo comportamiento. Una forma de actuar original e individual que, en una situación competitiva, le permitirá ser reactivo. Podrá darse cuenta instintivamente de cuándo es probable que abandone la acción.
La concentración y participación de los atletas, tanto en el entrenamiento como en la competencia, es el producto de interacciones grupales e individuales. El estado mental de un equipo, su atmósfera, tiene una influencia considerable en el desempeño individual y colectivo.
La capacidad de prestar atención permanece estrechamente vinculada a la motivación del individuo. El funcionamiento de los grupos deportivos ha cambiado considerablemente en los últimos veinte años. La profesionalización en el rugby o, más recientemente, la gira mundial en bicicleta, han llevado a una agitación en la organización de los equipos y a cambios notables en la mentalidad. Si las relaciones pudieran ser cálidas y espontáneas en la década de 1990, no es raro escuchar que las relaciones se han vuelto más racionales, a veces desprovistas de emoción. Las apuestas de la competencia cambian a los hombres.
En un alto nivel de organización, el sistema de grupos deportivos es comparable al de una institución. La diferenciación de los roles desempeñados es muy marcada. Las relaciones son mucho más funcionales. El interior de un grupo está en constante movimiento. Cada individuo que le pertenece puede mover las líneas. Las acciones, los discursos, las actitudes provocan casi sistemáticamente una reacción. ¡Esta dimensión debe tenerse en cuenta a menos que prefiramos la alternancia, es decir, cambiar una gran parte del equipo para tratar de encontrar una cierta armonía en el grupo!

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Laurent Favarel